El desempleo de larga duración se está convirtiendo en estructural


Hace justo un año hice algunos comentarios en “Desempleo Estructural Creciente”, donde alertaba de la pérdida de puestos de trabajo por factores como la “exportación” de puestos a países por la deslocalización de nuestras industrias, la reducción del consumo como consecuencia del incremento del desempleo y la bajada del poder adquisitivo en términos reales junto con la paralización de nuestro sistema financiero –entre otros motivos porque es un sistema no sostenible en el tiempo–, y finalmente argumentaba que España tiene el triste récord de ser el país de la UE con más sobre-cualificación laboral en relación al mercado al que nos debemos adaptar.

Pues bien, analizando determinadas informaciones que proceden de EE.UU., donde los analistas económicos pueden contar con mucha información estadísticas de primer nivel, he tenido la oportunidad de analizar un interesante estudio del “Bank of Boston Federal Reserve” de los economistas Rand Ghayad y William Dickens, bajo el título “What can we learn by disaggregating the unemployment-vacancy relationship?”

En primer lugar, para los lectores no habituados al análisis de esta problemática, debo referirme a la Curva de Beveridge que, en un análisis simple, relaciona los puestos de trabajo vacantes en una economía con su nivel de desempleo. Parece lógico pensar que cuantas más vacantes queden sin cubrir, menor será la tasa de desempleo y viceversa, por lo que la curva, por lógica, tendrá una pendiente negativa al estilo de las clásicas curvas de la demanda de microeconomía.

Pues bien, estos autores detectan que desde mediados de 2009 la curva no respeta lo que hasta ahora podíamos considerar “lógico” y toma justo el sentido contrario, es decir, empieza a haber muchas vacantes con un desempleo relativamente alto (en la actualidad alrededor del 8% de la población activa), tal como se muestra en la siguiente gráfica extraída de ese estudio.

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La explicación generalizada sobre este hecho es que la economía demanda determinado tipo de especialidades y destrezas que los desempleados no tienen, y por tanto se produce en la misma un lapso importante entre puestos vacantes a pesar de tener un alto desempleo. Digamos que la formación y la adquisición de dichas destrezas se desarrollan de forma mucho más lenta que la demanda que genera el propio sistema económico.

Esta afirmación parecería lógica si no fuera por la desagregación que sobre los datos totales realizaron estos autores y, más concretamente la desagregación por sectores económicos, formación académica y tramos de edad.

Veamos estas cuestiones con más detenimiento.

En primer lugar la desagregación por sectores de la economía:

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Vemos que los autores han separado los desempleados del sector financiero, los del comercio, transporte e industrias auxiliares y los servicios profesionales de servicios a la industria. En todos los casos, el fenómeno comentado se repite: aproximadamente desde mediados de 2009 el lapso entre puestos vacantes y desempleados se incrementa.

Lo mismo sucede si desagregamos la Curva de Beveridge por niveles educativos y por tramos de edad, que no voy a plasmar aquí en aras de evitar ser demasiado extenso, pero al que el lector podrá acceder directamente del estudio, cuyo enlace ya he citado. La conclusión es que el fenómeno se repite independientemente del grado formativo del desempleado y del tramo de edad en el que se le incluye.

Sin embargo, más interesante para la hipótesis que quiero explicar en este texto es la desagregación de los desempleados de larga duración por tramo de tiempo de permanencia en situación de desempleo.

Buscando nuevamente la simplicidad, voy a utilizar sólo dos de los gráficos que el lector puede analizar en el informe: Un gráfico donde se plasma la información referente a personas que llevan en situación de desempleo menos de 27 semanas y otro para las que llevan más de ese tiempo.

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Para el primer tramo, los que llevan menos de 27 meses en situación de desempleo, vemos que la curva se adapta a la “lógica” del mercado de trabajo: a menor número de puestos sin ocupar, mayor desempleo y viceversa.

Pero la situación cambia para las personas que llevan más de ese tiempo en situación de desempleo, lo que denominamos desempleo de larga duración. Para este caso, vemos que desde mediados de 2009 un fenómeno desconocido se ha incorporado en el mercado laboral de EE.UU. que los analistas aún no han podido descifrar, pero que, al menos, han detectado con este estudio: empieza a ascender los puestos sin ocupar, pero la tasa de desempleo permanece estable. Se podría decir que el desempleo estructural se estabiliza en la zona del 8%, muy por encima de lo que los economistas pensábamos antes de esta crisis, y que situábamos alrededor del 3%.

Esto significa que cada vez más personas pasan a formar parte de los desempleados de larga duración, cuya significación es mucho más preocupante de lo que pudiera parecer a simple vista: un desempleado de larga duración es una persona que, independientemente del drama social que supone y analizando el problema desde un punto de vista puramente económico como me corresponde por mi disciplina, podría estar perfectamente capacitada para realizar un trabajo, muchas veces de alto valor añadido para la sociedad, un consumidor (y su familia) más en el mercado, menores impuestos que se dedican a su ayuda y mayor recaudación por tanto, una persona desmotivada por conseguir sus propias metas profesionales y personales,… un problema serio para la sociedad.

Pero, ¿por qué está ocurriendo esto en la economía?

Como hemos visto en los gráficos, no se trata de un problema de un sector económico en concreto, ni un problema de formación, ni de tramos de edades, y sí parece que tiene una relación directa con el tiempo que transcurre desde que el desempleado estuvo activo hasta la actualidad. Debemos buscar el problema posiblemente en una no-sintonía entre las habilidades que los nuevos puestos demandan y las que poseen los desempleados.

Si pensamos que la desmotivación llega cuando transcurre mucho tiempo desde que la persona estuvo activa, y más en una economía tan competitiva como la norteamericana, debemos pensar que el desánimo conlleva una falta de interés en la formación necesaria, además de la formación y experiencias que sólo y exclusivamente se pueden obtener en una vida profesional plenamente activa.

Aún es pronto para determinar cuáles son los factores, pero lo que sí sabemos es que una crisis prolongada como la actual genera desempleados de larga duración que día tras día tienen más complicado su incorporación nuevamente en el mercado laboral.

Un problema social y económico de gran envergadura.

Pero, ¿qué está ocurriendo en la economía española? Lamentablemente no disponemos de un informe de este tipo aún y las estadísticas, por extraño que parezca, son difíciles de encontrar o son muy parciales, de forma que los analistas económicos lo tenemos francamente difícil. Por desgracia una buena parte de la investigación en España se realiza por criterios distintos a la productividad de nuestro tejido económico, y disponemos en términos generales de una Universidad desligada de la empresa y de la economía. Por tanto, no debemos extrañarnos de nuestra extravagante tasa de desempleo.

La lógica nos indica que la situación en España es similar, sólo que los datos no hacen referencia a un total de 8% de desempleados, sino a una tasa superior ya al 25%, con decrecimiento económico este año y para el 2013. Nos enfrentamos por tanto a una masa importante de desempleados de larga duración sin cualificación adecuada para los nuevos puestos de trabajo, formación y experiencia que sólo se puede obtener participando de la vida laboral activa. Y los trabajadores con buena cualificación tienen dos alternativas ante la falta de puestos para su especialidad: o se van a otros países donde existan esas vacantes, como ya ocurre con la emigración de profesionales de alta cualificación, o permanecen en España formando parte de los desempleados que llegan a ser de larga duración, sin ser capaces de incrementar su capital humano, y pasando a formar parte de los desempleados de “difícil empleabilidad” si la crisis se sigue prolongando aún más.

Si antes comentaba que ese desempleo de larga duración en EE.UU. se estaba convirtiendo en estructural en el entorno del 8%, hagan sus cuentas para el caso de España.

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