Agencias de rating en el punto de mira

cielo gris a través del techo

El pasado 14 de diciembre fui invitado por Gestiona Radio a participar en un debate sobre las agencias de rating.

Sabemos que su origen está en la necesidad de análisis de riesgo de los inversores en el desarrollo del ferrocarril en Estados Unidos durante el siglo XIX, ante la imposibilidad de la banca de ese momento de hacer frente al tamaño de una empresa de envergadura continental. Mucho menos su gobierno, en proceso de consolidación en todos los sentidos en su nueva etapa tras el colonialismo británico. Situación muy diferente para las inversiones en Europa, donde éstas tenían la limitación de los Estados, mucho más antiguos y consolidados en general. Tanto su banca como sus gobiernos, sí podían hacer frente a inversiones más reducidas.

De ahí viene que las principales agencias de calificación (rating) del mundo sean precisamente norteamericanas.

Las sospechas sobre este tipo de agencias vienen a raíz de sus degradaciones de calificación sobre algunos Estados de Europa sin que ni los motivos ni por supuesto su metodología sean aún completamente transparentes.

Conocemos su papel fatal como facilitadores de la enorme burbuja inmobiliaria producida en Estados Unidos y la extensión de los bonos hipotecarios dentro de ese país, pero también exportados al resto del mundo, y muy especialmente a Europa. De ahí, aunque no exclusivamente, el estado lamentable en que se encuentra nuestro sistema financiero. Por tanto, de corroborarse las acusaciones en las que están siendo investigadas en estos momentos en Estados Unidos, Francia y por la autoridad comunitaria ESMA, se confirmaría su nefasto papel en esta grave crisis y su imagen quedaría profunda y definitivamente dañada. Las agencias de rating están en el punto de mira de todos los responsables políticos y económicos de la Eurozona.
Por eso las autoridades de ambos lados del Atlántico buscan fórmulas que permitan su correcto funcionamiento y no sirvan para fines distintos a los que se pretenden: establecer una nota de riesgo exacta y objetiva sobre diferentes tipos de bonos que faciliten la correcta toma de decisiones económicas.

Algunas voces dentro de le UE pretenden desarrollar una agencia europea (pública o privada) que contrarreste el papel predominante de las agencias norteamericanas. Pero en esa propuesta veo varios problemas elementales:

  1. ¿Qué valor se debe atribuir a calificaciones muy dispares sobre un mismo tipo de bono?
  2.  ¿Qué fiabilidad debe reconocer un inversor ante dos calificaciones dispares?
  3.  ¿La mayoría de los inversores tomarán como válido la peor de las dos calificaciones? Es lo lógico.
  4.  ¿Cómo queda afectado el sistema de análisis de riesgo ante esta potencial situación?, y sobre todo,
  5.  ¿cómo afectaría esa situación al sistema financiero en general y su repercusión sobre la economía real?

Cuestiones todas ellas fáciles de responder, y siempre de forma muy negativa.

Por tanto, no parece que la idea de establecer una agencia netamente europea sea una buena idea si se trata de “presionar” para que los resultados de sus análisis no sean tan vehementes como los que publican sus homólogas norteamericanas. El daño sobre la economía real podría ser muchísimo peor que la situación en la que nos encontramos ahora.

Tampoco tiene sentido eliminar estas agencias. Nos encontraríamos en un mundo donde no tendríamos ningún tipo de información sobre los riesgos empresariales o de inversión financiera. ¿Quién invertiría en esa situación? El caos absoluto estaría servido.

Por otro lado, la descabellada idea de Bruselas de impedir que las agencias de rating publiquen calificaciones sobre países intervenidos o en grave crisis dista mucho, desde mi punto de vista, de ser una idea que elimine incertidumbre y riesgo. La lógica nos dice que un país sobre el que de pronto no se permita realizar ningún tipo de análisis de riesgo, es un país que acaba de despeñarse por el acantilado. ¿Quién compraría bonos de un país sin calificación?

En un partido de fútbol, hay unas normas, unos tiempos, unos equipos, y un árbitro que controle y haga cumplir con las normas. Éstas deben ser públicas y transparentes y el árbitro no debe responder a ningún tipo de presión. Sólo hacer cumplir las normas. Ese es el papel de las agencias de rating, pero la situación de publicidad y transparencia distan mucho de la realidad.

En un artículo de Fernando Martínez en el diario de economía Cinco Días de 7/12/2011 se analiza de forma clara la preocupante distribución de los principales accionistas de las agencias norteamericanas. Preocupante porque se trata de reconocidos fondos de inversión.

A continuación incorporo la parte correspondiente de ese artículo:

“El grupo Capital World no solo es el principal accionista de McGraw-Hill (10,26%), la compañía propietaria de S&P, sino que su participación es incluso superior en Moody’s -la compañía que John Moody fundó en 1909 tras incurrir él mismo en una suspensión de pagos-, ya que asciende al 12,6%. Otro inversor mutuo ilustre es Vanguard Group, que controla el 4,58% de McGraw-Hill y el 5,02% de Moody’s, según datos de Bloomberg. El hedge fund Alliance Berstein también está presente en S&P (1,67%) y en Moody’s (3,94%). Intech, subsidiaria de Janus Capital, comparte intereses: un 1,30% en S&P y otro 1,89% en Moody’s. Con BlackRock Institutional, la famosa gestora de fondos asume el 2,46% de McGraw-Hill y el 2,18% en la segunda hermana. State Street reparte su presencia con un 3,24% en Moody’s y un 4,25% en la hermana mayor. Independent Franchiser es el otro gran fondo con un pie en cada entidad: 1,86% para S&P y 2,51% para Moody’s.

Más allá de nombres que se repiten, el hecho es que los grandes de la inversión están dentro de las compañías que, con sus calificaciones, condicionan el entusiasmo o el pánico de los mercados. Morgan Stanley, JP Morgan, Berkshire Hathaway -la empresa de Warren Buffett posee el 12,8% de Moody’s- Invesco y Mellon BNY son algunos de los inversores de renombre.

El caso de Fitch, la tercera hermana, es diferente. Fundada por John K. Fitch en 1913, esta firma neoyorquina es ahora una subsidiaria del grupo francés Finalac.”

Creo que sobran las palabras.

Después de leer esta información, y siendo mínimamente celosos en la transparencia del sistema, no podemos hacer otra cosa que deducir que tenemos algunos problemas importantes que resolver.

Si aceptamos que la eliminación de estas agencias o la creación de una que “contrarreste” las calificaciones de las agencias norteamericanas no es la solución, o que incluso podría ser muy negativo para la economía, ¿qué soluciones podemos plantear?

En mi opinión, el sistema elegido debería estar regido por las siguientes características:

  1. Eliminar el oligopolio de las grandes agencias de calificación pero dejando que los criterios de análisis sean absolutamente independientes y no “tutelados” por ninguna institución europea.
  2. Establecer estándares de calificación homogéneos, dotando al sistema de mayor objetividad.
  3. Transparencia absoluta en el sistema de análisis y su total publicidad. Dar publicidad a los modelos econométricos utilizados, las variables que se incorporan, sus ponderaciones, los sistemas de extracción de conclusiones,…
  4. Eliminar cualquier posibilidad de que el accionariado de estas empresas estén compuestas por fondos de inversión o cualquier otro tipo de entidades susceptibles de “interferir” en los criterios de análisis o en la transparencia del sistema.
  5. Absoluta y completa confidencialidad en los análisis hasta su emisión pública.

En relación a la calificación del riesgo soberano, dado que entendemos que su eliminación sería igual que condenar a muerte al país en cuestión, y dado que de dichas calificaciones depende enormemente la salud económica del mismo, y su directo efecto sobre el bienestar de la población y los países de su influencia, tal vez deberíamos pensar en cambiar esa parte del sistema de calificación. Posiblemente no sea mala idea la creación de un organismo de análisis de riesgo soberano contenida dentro de alguna otra institución como el Banco Mundial o el FMI u otro similar, que realice los análisis en exclusiva sobre el riesgo soberano, dejando a las agencias de rating que califiquen bonos de empresas o de fondos de inversión,…

Finalmente, dejar claro que la economía, tal como la tenemos planteada, necesita de agencias de calificación que emitan sus informes de riesgo sobre todo tipo de bonos, sean empresariales o de deuda soberana, sean agencias privadas o dentro de determinados organismos mundiales. La correcta toma de decisiones empresariales y de inversión necesita de estos informes que reduzcan la incertidumbre, las malas decisiones y las pérdidas ocasionadas por errores ante la falta de información veraz.

Un sistema que sea transparente y completamente objetivo es imprescindible.

Comments
2 Responses to “Agencias de rating en el punto de mira”
  1. DonHerbarni dice:

    Great pic! Seriously. Can I use it here? windermere accommodation

  2. Pablo dice:

    Parece ser que China también comparte su desconfianza con respecto a las agencias tradicionales:

    http://spanish.china.org.cn/economic/txt/2011-12/27/content_24259793.htm

    Lo que no sabía es que ellos ya tienen su propia agencia de calificación: Dagong. Mientras en la UE siguen discutiendo si la solución pasa por crear una propia.

    En mi opinión, una agencia nacida del consenso de la UE sería de dudosa independencia, por lo que no sería una alternativa válida.

    Os recomiendo un artículo de Goirigolzarri, ex Consejero Delegado de BBVA, sobre el tema:

    http://goirigolzarri.com/de-agencias-de-rating-y-responsabilidades

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