Hemos sido realmente estúpidos
“Agua pasada no mueve molino”, es lo que dice la sabiduría popular, y efectivamente, por mucho que expliquemos lo que ocurrió en España en la época de la burbuja inmobiliaria y financiera, no nos servirá de nada para solucionar los problemas derivados de aquéllas, aunque sí para no caer en otra burbuja de similares o … Lee más
España, perspectivas no realistas
Es muy preocupante que los propios datos macro y sus proyecciones a uno o dos años, es la complacencia que demuestran nuestros gobernantes, sobre lo que escribí hace unos días en “Riesgo por Complacencia”. Si bien es cierto que el gobierno ha emprendido algunas medidas para atajar la crisis, no es menos cierto que queda un largo camino por recorrer, y posiblemente no estemos ni en el 50% de las correcciones necesarias. No es muy lógico que el BCE se ponga a comprar bonos españoles a sabiendas que no vamos a ser capaces de cumplir con los objetivos de déficit. No hacerlo, con seguridad supondrá nuevos ajustes que vendrán impuestos no desde nuestro gobierno, sino desde nuestros acreedores cuyo objetivo último es que les devolvamos lo que les debemos.
Fantasía Financiera
Hace unos meses escribí a Daniel Lacalle unas impresiones sobre cómo habíamos llegado a estar en esta situación económica desde el punto de vista del comportamiento del consumidor. Fue a raíz de un artículo suyo sobre el nivel de endeudamiento de la economía española publicado inicialmente en The Wall Street Journal. No era la primera vez que escribíamos ambos sobre ese asunto, aunque estando de vacaciones y con la mente más despejada recordé mi vieja idea en plena burbuja: si la gente debe destinar una proporción cada vez mayor a la compra de una vivienda, cada vez habrá menos dinero disponible para el consumo del resto de las cosas y por tanto estamos abocados a un desastre económico.
Esta situación que yo temía iba a pasar irremediablemente, sin embargo se fue demorando durante varios años más gracias al endeudamiento masivo y creciente de toda la sociedad española: consumidores, empresas y gobiernos.
Gobiernos sin ideas para salir del atolladero
Los niveles inimaginables de endeudamiento de los gobiernos en términos de PIB, sólo habían sido vistos en épocas de conflictos bélicos, que normalmente se solucionaban a base de defaults, inflaciones altas o condonaciones de deudas, o una mezcla de todas ellas, junto a altas tasas de crecimiento económico derivados de inversiones que suplían las dañadas infraestructuras. Pero esos niveles de endeudamiento en países desarrollados en tiempos de paz es un fenómeno no visto hasta ahora y al que los economistas no somos capaces de dar una solución sin dañar la estructura económica y el empleo.
La realidad que nos avergüenza
Mientras el Congreso de los Diputados no da a trámite una Iniciativa Legislativa Popular, con fecha 16 de junio, para eliminar las retribuciones a sus señorías una vez terminados sus mandatos respectivos, la prensa internacional pone el dedo el la llaga que más debe doler a nuestros señores diputados: la pobreza explícita y creciente en nuestro país. Dos situaciones opuestas que podrían entrar en un serio y peligroso conflicto a corto plazo.
Condiciones extraordinariamente desfavorables
En estos momentos, la deuda pública española ronda el 80% del PIB, las familias el 180% y las empresas el 120%, y entre todas debemos devolver hasta finales de 2013 casi un billón de euros, es decir, prácticamente el 100% de nuestro PIB. En un entorno de crecimiento cero o negativo, nadie podrá creer que cumpliremos con nuestros compromisos de devoluciones. En su lugar, nos espera una avalancha de refinanciaciones y muchos incumplimientos de pago.
¿Por qué hablamos de “recesión” cuando queremos decir “depresión”?
Resolver el complejo problema de nuestro sistema financiero es imprescindible para salir del atolladero en el que nos encontramos. A pesar de eso, estoy totalmente en contra de utilizar recursos de los contribuyentes en solucionar esos graves problemas de bancos que son, evidentemente, privados. La función básica de la política debe ser permitir que la economía fluya libremente, y también lo hace cuando deja caer a una empresa ineficiente. ¿A que no se utilizó dinero del contribuyente para salvar a miles de PYMES que ha contribuido a tener una tasa de desempleo que roza el 25%?
Estado Autonómico insostenible: el caso del gobierno regional con retribuciones superiores al central
Hace unos días, un buen amigo comprometido con el movimiento social, me envió el siguiente mensaje muy “indignado”. Se trata de información referente a los sueldos que cobra el presidente y todo el gobierno de la Comunidad Autónoma de Canarias.
Esta información, previamente cotejada con la Ley 12/2011 de 29 de diciembre, de Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma de Canarias para 2012, que el lector puede consultar en este enlace, nos viene a indicar que tanto el presidente regional como todos los consejeros obtienen unas retribuciones superiores a los del presidente de la nación y sus ministros.
La estrategia de perder-perder a la que se enfrenta España
El gobierno se encuentra en una tesitura de difícil equilibrio. Tal como indica el ministro de economía, De Guindos, si no se hacen los ajustes suficientes, el mercado penalizará la deuda española, y si nos pasamos igualmente la penalizará porque unos presupuestos demasiado restrictivos hundirán cada vez más la economía, y con ello nuestra capacidad de pago. Nos enfrentamos por tanto a una estrategia de perder-perder, que no acepta margen de error.
Nuestro futuro económico depende de lo acertado de ese presupuesto y de su ejecución.
Peligroso juego político que nos pone en riesgo
Rajoy intenta asegurar a nuestros socios, con los que tenemos compromisos importantes, y a los mercados que nos prestan dinero, que aún pueden seguir confiando en España y en nuestra capacidad de devolución. Políticas fiscales recesivas para la economía –con la incorporación de nuevas figuras o subidas de los tipos impositivos con el argumento de intentar incrementar la recaudación–, harán que la economía se contraiga, y con ello el empleo.





















