Creación de burbujas
La primera vez que leí la expresión “burbuja especulativa” fue en un artículo que publicó Fernando Trías de Bes en El País alrededor del año 2005. Describía a la perfección las características de la burbuja especulativa del sector inmobiliario en España.
Reconozco que fui muy escéptico con sus planeamientos y me debatí entre creerlo a pies juntillas o pensar que era un “aguafiestas” con “lo bien que iba nuestra economía creando riqueza y puestos de trabajo a raudales”. ¿Cómo era posible que aquello fuera malo?
Una enorme burbuja de deuda
En una economía global donde se prima la productividad pero cuyos incrementos no se ven traducidos en una reducción de horas/persona trabajada, conlleva a una sobreproducción generalizada que las economías no son capaces de absorber. Lógicamente, un incremento de la productividad trabajando el mismo tiempo genera una cantidad de productos y servicios creciente. Sabemos que en los últimos 20 años, tal exceso de producción se solventó con el endeudamiento creciente de las economías domésticas y de los Gobiernos; pero nos hemos enterado de forma dramática que tal sistema no podía perdurar en el tiempo. Y ahora estamos en una espiral descendente de la que estamos obligados a salir de alguna manera.
La correcta valoración del precio de la vivienda
Recientemente el semanario británico The Economist publicaba un estudio en el que indicaba que la vivienda en España está sobrevalorada en un 50%. Yo pienso que el sistema de valoración de la vivienda para la inmensa mayoría de los compradores debe ser el ratio de esfuerzo porque es lo que va a medir el tiempo necesario de trabajo para adquirir un bien concreto.














